2. La de escuchar a Dios: Al escuchar, debemos preguntarnos si lo que el otro dice procede de su mente, o de Dios. Una vez Pedro, respondiendo una pregunta del Señor, dijo que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Inmediatamente el Señor contestó, “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre…” Mas luego, el Señor lo reprendió así: “¡Quítate de delante de mi Satanás!”¿Por qué Jesús cambio tan drásticamente? Porque en el primer caso, Pedro estaba sintonizado con el Padre y en el segundo estaba en la estación antagónica, pero el Señor estaba discerniendo todo lo que Pedro Dacia. Cuando un participante dice algo impactante y tenemos duda de donde procede el concepto, podemos preguntar, “¿Lo que acabas de decir te lo dio el Señor, o procede de tu mente? A veces puede venir del enemigo.
3. La de explorar como bendecir al hermano: El Señor, dejo claro que quien quiera ser el señor de todos debe hacerse siervo de todos. Entonces, mientras escuchamos a Dios y al hermano también debemos explorar como servirle.
