04 septiembre 2013

Liderazgo y aprendizaje


El tema del liderazgo comenzó a popularizarse en la década de los 90, o por lo menos en ese tiempo  comencé a notar la aparición de libros, conferencias y seminarios sobre este asunto.  Desde entonces hasta la fecha he observado que tanto escritores, conferencistas y líderes destacados remarcan la importancia del aprendizaje en el liderazgo.

Algunas de las frases que he leído o escuchado son: “El verdadero líder tiene sed de aprender.”  “Un verdadero líder siempre busca aprender algo nuevo.”  “Para un líder el aprendizaje es un asunto para toda la vida.” “Invierta el 50 por ciento de su vida en aprendizaje”

Sin embargo, observo a mí alrededor algunas personas ocupando posiciones de liderazgo que no muestran interés por aprender. Pasan los años y nunca se les ve en una conferencia, taller, ni seminario, ni mucho menos un libro en sus manos.    

Al conversar con estos “lideres”, uno puede notar que hablan de lo mismo de siempre porque están haciendo lo mismo, pero obteniendo los mismos resultados.  Si Ud. está en una posición de liderazgo, mida su deseo de aprender. En una escala de 1 a 10, siendo 10 la máxima intensidad del deseo, marque un número. Luego haga lo mismo con sus colaboradores y compare los resultados.

Si Ud. tiene un deseo de aprender más intenso que ellos, podrá influirlos para que se interesen en aprender. ¿Cómo? Compartiéndoles lo que Ud. está aprendiendo, invitándoles a las conferencias, o talleres que Ud. asiste, o compartiéndoles materiales e información.

Si su deseo es menor que el de ellos, pues está modelando un liderazgo retrogrado, o está en peligro de perder los seguidores que de veras quieren desarrollar su liderazgo. En conclusión, si Ud. está en una posición de liderazgo es urgente que tenga el deseo y desarrolle el hábito de aprender.

 

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07 agosto 2013

Comunicacion


El presentador hablando de transferir el mensaje levanto sus dos manos y en cada una tenía una cajita plástica con una cinta de grabación adentro, en palabras más breves dos casetes.  Sosteniéndolos arriba, El conferencista dijo, “El mensaje esta en este casete, pero si no lo transferimos a este otro, este quedara en blanco y cuando este otro se deteriore o sea destruido, no habrá más mensaje.” Lo mismo puede pasar con el evangelio.

Excelente ilustración, el mensaje debe transferirse a otras generaciones, a otras etnias y otras regiones del mundo, pero la comunicación del evangelio implica mucho más que hacer copias en casetes, u otros materiales. Es más complejo.

El mensaje del evangelio puede ser impreso en papel y entregado a miles de personas, pero eso no haría que miles se conviertan a Cristo. También puede gravarse en casetes o disquetes y distribuirse y posiblemente sea un poco más efectivo que las copias impresas, pero el evangelio es una clase de mensaje que se transmite mucho mejor en forma de carne y hueso.

Dios, el comunicador por excelencia, puede comunicarse con nosotros en la forma que él quiera, por ejemplo una vez le hablo a un profeta pagano, llamado Balam, por medio de una burra, pero cuando quiso compartir su corazón con la humanidad, se encarnó y vivió entre nosotros. El evangelista Juan refiriéndose a esa encarnación dijo, “Y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14)   

Conclusión, sin dejar de usar lo tecnológico, debemos usar nuestras vidas y cuerpos para transferir el  evangelio porque el papel, los disquetes y los videos no pueden amar a la gente, ni orar o llorar con ellos, ni tampoco pueden escuchar con compasión, pero usted si puede. Somos el mejor material de transmisión del evangelio.

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03 julio 2013

CARTAS


No soy aficionado al juego de cartas, pero recientemente jugué con mis nietos y note que uno de ellos jugaba las cartas sin pensar. Esto me hizo analizar la semejanza que este juego tiene con la vida: Primero, no tenemos control de cuáles cartas recibimos. Segundo, tenemos control de cuáles cartas jugar y tercero, a veces tenemos oportunidad de sacar o cambiar cartas. Lo interesante es que jugadores con buenas cartas a veces pierden y viceversa.  

Hay gente que llega a este mundo con una mano de cartas muy precaria: Sin padre, sin dinero, y en un lugar donde no hay muchas oportunidades, pero van discerniendo la situación, juegan sus cartas sabiamente y ganan la partida. También hay quienes habiendo recibido un juego excelente, lo pierden   por la manera como juegan.

En el juego de la vida uno no debería lamentarse de las cartas que le tocaron, ni confiarse porque tiene unas buenas. Lo que debemos hacer es jugar lo mejor que podamos.

Relacionando este asunto con el ministerio, he observado que algunos pastores han comenzado  con excelente cartas: Facilidades bien ubicadas, líderes dedicados, buenas finanzas, hijos con talento musical que respaldan su ministerio y una preparación anterior que los capacitó para usar la tecnología. Otros inician su ministerio como resultado de una crisis en la iglesia, sin preparación teológica, con déficit en el presupuesto, con un grupo de creyentes desanimados y sin saber por dónde comenzar.

Sin embargo, todos tenemos una carta ganadora que necesitamos aprender a usar, está en Ef. 1:3-4 “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en el antes de la fundación del mundo,…” Antes de que el juego comenzara, Dios ya nos había dispuesto las cosas para que fuéramos vencedores.

 

 

 

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04 junio 2013

La Gran Comision De Las Abejas


“Si las abejas desaparecieran, al hombre le quedarían cuatro años de vida” Albert Einstein. La anterior frase la vi en un mural de un lugar donde exhiben replicas gigantes de insectos. Inmediatamente pregunte ¿Por qué? Y la respuesta de una joven ecologista fue: “Es que las abejas son muy polinizadoras, el mayor porcentaje de la polinización lo realizan ellas.”

Yo ignoraba que además de producir miel y cera, en el ecosistema de la tierra ellas son las responsables de llevar la semilla para que las plantas se reproduzcan y multipliquen. Siguiendo este orden de pensamiento se puede ver que en el ecosistema espiritual de la tierra el cristianismo depende para su existencia, reproducción y multiplicación de sus “abejas” que son los discípulos.

Dios le asigno esa tarea a las abejas y hasta el momento la han estado cumpliendo muy bien. A nosotros también nos asignó una tarea en Mateo 28:19-20 “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todos las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.”  

Sin creyentes que lleven la semilla, el cristianismo puede desaparecer en cuestión de años. Así como las abejas trabajan no solo para subsistir, sino para que las plantas se reproduzcan, nosotros deberíamos trabajar y simultáneamente transportar la semilla del evangelio a las personas receptivas y luego entrenarlas para que hagan lo mismo. 

¡Qué asunto más simple y fundamental y a la vez tan descuidado! Las abejas construyen sus colmenas y fabrican la miel sin dejar de transportar la semilla, pero nosotros dejamos el discipulado para construir templos, realizar eventos y reuniones ignorando que la principal y verdadera tarea es hacer discípulos.  

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06 mayo 2013

El Edificio Tiene Iglesia


He observado que cuando se piensa en plantar una iglesia, la mayoría sueñan primero con un lugar de reuniones. Sin embargo, esa no fue la manera como Jesús comenzó la iglesia. Primero hizo relaciones, luego llamo a 12 para que estuvieran con él, más tarde envió a otros 70 y finalmente  ascendió a los cielos después de darnos la gran comisión, pero nunca hablo de edificios o lugares de reunión. ¿Por qué? Porque su concepto de la iglesia era gente en movimiento, no encerrada en un edificio.

Hoy, el razonamiento parece ser, “Si el cuerpo de bomberos, la policía, y la Cruz Roja tienen un edificio para servir a la comunidad, la iglesia también necesita uno” 

En nuestra mentalidad la falta de edificio es una limitación, pero también lo es  para los que ya lograron tener uno. ¿Qué pasaría si un huracán se lleva el techo, una inundación destruye los muebles, le suben la renta a una cantidad que sobre pasa su presupuesto, le dan una fecha límite para desocupar, o los inspectores de la ciudad por alguna razón le cierran el edifico?

No es malo que la iglesia tenga edificio, pero si es malo que el edifico tenga a la iglesia. Cuando la mayor parte del presupuesto se gasta en el edifico, y los creyentes se encierra a cantar esperando que los no creyentes vengan, el edificio tiene a la iglesia.

Como los edificios son espacio limitado la gente que pueden albergar es limitada. Los estudios indican que el promedio de asistencia a un edificio tiende a ser el 80% de su capacidad y el código de Houston permite construir en un acre solo para 125 personas. Por otro lado, en las casas, oficinas y cafeterías tenemos espacio ilimitado para compartir evangelizar y discipular, pero requiere una manera de pensar y actuar muy diferente.   

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