25 marzo 2014

El closet

El closet es un lugar de refugio y seguridad. “Salir del closet” es una expresión que se aplica a los homosexuales cuando declaran abiertamente que tienen preferencia sexual por el mismo sexo. 


Sin embargo, no voy a hablar de ellos, sino de los hombres que le tienen miedo al liderazgo espiritual y viven en el “closet”. No tengo estadísticas para probarlo, pero por lo que observo en mi congregación y en las que he visitado, parece que el número de hombres tiende a disminuir. Se puede notar en la asistencia y en el liderazgo.


Pienso que las causas hay que buscarlas en tres áreas: El corazón de los varones, explorando porque la iglesia es poco atractiva para ellos; en la iglesia investigando porque no atrae suficientemente a los varones; y en la cultura, detectando los factores que afectan la espiritualidad y la relación de los varones con la iglesia.




He escuchado decir que los hombres están confundidos y no pueden identificar su rol en la sociedad. Antes un hombre demostraba su masculinidad yendo a la guerra, cazando animales, o trabajando físicamente para mantener su familia, pero hemos experimentado cambios sociales, las mujeres han logrado niveles altos de liberación y debido a todo esto, los varones están confundidos.




Mi opinión es simple, si alguien está confundido en cuanto a lo que un hombre debe ser, en Cristo tenemos el modelo de auténtica masculinidad. En los evangelios vemos a Cristo como rey justo y noble, amigo fiel y amante sacrificial.


“Wow”, ¡Que hombre! Con razón no solo los hombres lo seguían, sino que las mujeres siempre estaban a su alrededor, hasta hubo una que le enjugo sus pies con lágrimas, besos y perfume. ¿Qué haría un hombre escogido al azar si una mujer le besa sus pies? ¿Piensa Ud. que los varones cristianos debemos salir del “closet” y asumir nuestro rol?  

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10 febrero 2014

Predicadore y hacedores

El tema de oidores y hacedores siempre es relevante, pero quiero enfocarme en otro parecido, predicadores o hacedores. “Sus acciones no me dejan escuchar lo que dices” es un sabio dicho popular. Se refiere a nuestras contradicciones porque a veces lo que hacemos comunica un mensaje contrario a lo que estamos proclamando. Veamos unos ejemplos:

Hace unos años unos miembros de una iglesia estaban sorprendidos de que su Nuevo pastor hablaba de diezmar y ofrendar sacrificialmente, pero ellos observaban que él no lo hacía.  El efecto negativo de ese comportamiento creo una situación de escases y conflicto en la congregación y hoy en día esa congregación tiene otro pastor.

Algunos líderes predican de misiones o promueven células como una alta prioridad en su iglesia, pero cuando llega la oportunidad de participar en una conferencia o un entrenamiento, envían a uno o dos miembros. Por su puesto que ese pastor está tratando de hacer lo mejor, pero ¿Cómo lo están percibiendo los hermanos?

Posiblemente piensen, “Mi pastor tiene asuntos más importantes y por eso me envió a mí a lo menos importante.”

Si uno habla de la importancia del discipulado, la gente no se lo va a creer hasta que lo demuestre. Ellos sintonizan el vibrar del corazón de su pastor y lo van a seguir no a donde uno  dice que vayan, sino a donde su corazón se dirige. Por eso alguien dijo que el asunto no es tener una visión, sino que la visión lo tenga a uno.

La solución. Entonces, es conectar el corazón con la boca porque la gente capta las prioridades de nuestro corazón. “Porque donde este vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”  Antes de predicar, analiza donde está tu corazón porque tarde o temprano la gente captara donde lo tienes. 

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22 enero 2014

LOS TRES GIGANTES

Durante el mes de Diciembre y Enero he estado preguntando a los pastores que están tratando de plantar células: “¿Cuáles obstáculos han encontrado?” y después de haber hablado con 12 de ellos note que todos de una u otra manera se referían a tres obstáculos, los cuales he llamado LOS TRES GIGANTES, recordando que fueron los gigantes los que atemorizaban a los soldados israelitas en la conquista de la tierra prometida. Y pensándolo mejor, son los mismos que hacen retroceder todo tipo de iglesia, en células o sin ellas. Los gigantes son:

1. La falta de tiempo.
Si la falta de tiempo es un obstáculo, necesitamos revisar lo que estamos haciendo en la iglesia semana tras semana y eliminar algunas cosas que no nos están dando los resultados que buscamos. También es muy posible que los creyentes estén pasando mucho tiempo frente a la pantalla del televisor o la computadora.

2. Falta de compromiso en los creyentes.
Sospecho que la falta de tiempo está relacionada con la falta de compromiso. Tal vez se trata de un asunto de prioridades. Cuando la visión del reino está en el centro del corazón de un individuo, esa persona le dará prioridad a los asuntos del reino. El señor le pregunto al profeta Ezequiel, “¿Vivirán estos huesos?” y el respondió, “Tú lo sabes Señor” Dios puede hacer que un montón de huesos desorganizados se convierta en un ejército conquistador.  

3. Falta de entendimiento de lo que en realidad es una célula:
Para matar este gigante la fórmula es la misma: Estudiar, y repasar para ampliar y  profundizar nuestro entendimiento, luego pensar y repensar en maneras de explicar los conceptos en forma más simple. La etapa de confusión frente a un proyecto es normal, pero debemos entender que si perseveramos, en algún momento llegara la luz.


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22 octubre 2013

Elementos estrategicos


La primera vez que escuche la palabra Houston fue el día que los astronautas llegaron a la luna, estaba mirando desde afuera por una ventana el televisor del vecino. En ese tiempo, la idea de vivir en Houston era como pensar en vivir en la luna. Hoy, la realidad es que una gran mayoría de los que aquí vivimos, no nacimos en Houston.

La población de la gran área de Houston se estima en 5.9 millones. Se calcula que tenemos 345 grupos étnicos, lo cual nos convierte en la segunda ciudad más diversa de USA. (El área metropolitana  con 9 condados es la más diversa) La población hispana alcanza 2.1 millones. Estamos sumergidos en un inmenso campo misionero, pero seguimos perdiendo terreno en relación con el crecimiento de la población. Opino, que para enfrentar el reto, deberíamos incluir en la estrategia seis elementos:

1.      Fortalecimiento de la vitalidad relacional y espiritual de las congregaciones porque  esto nos   permitiría escuchar lo que el Espíritu está diciendo y encender la llama de la pasión.

2.      Desarrollo de líderes porque sin ellos es imposible tener células, clases de Escuela Dominical,  ministerios, y nuevas iglesias.

3.      Desarrollo de células o algún tipo de grupos que penetren los vecindarios porque las personas no vienen a los templos y si lo hicieran, no cabrían en ellos.

4.      Plantación de nuevas iglesias. Así como una pareja madura con la venida de los hijos, las congregaciones también maduran cuando tienen hijos y las iglesias nuevas crecen más rápido.

5.      Misiones interculturales.  Compartir a Cristo con los grupos étnicos. Si Dios nos trajo a vivir en medio de 345 etnias fue con un propósito misionero.

6.      Enfoque en la niñez: Es la edad más receptiva, hay que ganarlos antes de que sean reclutados para las pandillas, el terrorismo, las drogas, o las ideologías de moda.

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04 septiembre 2013

Liderazgo y aprendizaje


El tema del liderazgo comenzó a popularizarse en la década de los 90, o por lo menos en ese tiempo  comencé a notar la aparición de libros, conferencias y seminarios sobre este asunto.  Desde entonces hasta la fecha he observado que tanto escritores, conferencistas y líderes destacados remarcan la importancia del aprendizaje en el liderazgo.

Algunas de las frases que he leído o escuchado son: “El verdadero líder tiene sed de aprender.”  “Un verdadero líder siempre busca aprender algo nuevo.”  “Para un líder el aprendizaje es un asunto para toda la vida.” “Invierta el 50 por ciento de su vida en aprendizaje”

Sin embargo, observo a mí alrededor algunas personas ocupando posiciones de liderazgo que no muestran interés por aprender. Pasan los años y nunca se les ve en una conferencia, taller, ni seminario, ni mucho menos un libro en sus manos.    

Al conversar con estos “lideres”, uno puede notar que hablan de lo mismo de siempre porque están haciendo lo mismo, pero obteniendo los mismos resultados.  Si Ud. está en una posición de liderazgo, mida su deseo de aprender. En una escala de 1 a 10, siendo 10 la máxima intensidad del deseo, marque un número. Luego haga lo mismo con sus colaboradores y compare los resultados.

Si Ud. tiene un deseo de aprender más intenso que ellos, podrá influirlos para que se interesen en aprender. ¿Cómo? Compartiéndoles lo que Ud. está aprendiendo, invitándoles a las conferencias, o talleres que Ud. asiste, o compartiéndoles materiales e información.

Si su deseo es menor que el de ellos, pues está modelando un liderazgo retrogrado, o está en peligro de perder los seguidores que de veras quieren desarrollar su liderazgo. En conclusión, si Ud. está en una posición de liderazgo es urgente que tenga el deseo y desarrolle el hábito de aprender.

 

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